Los motores de combustión interna son máquinas térmicas capaces de generar potencia mecánica a partir de la energía química contenida en los combustibles.
Su principio de funcionamiento se basa en la combustión controlada de un carburante dentro de un espacio cerrado, como un cilindro. Esta combustión genera gases calientes y presión que empujan un pistón, cuya fuerza es transmitida mediante un sistema biela-manivela para producir un movimiento rotativo útil.
Existen motores de diferentes tipos, como los de encendido por chispa que utilizan gasolina o los de encendido por compresión que usan diésel. Sin embargo, todos constan de componentes principales como cilindros, pistones, árbol de levas, válvulas, sistema de lubricación e inyección de combustible.
Desde su invención a fines del siglo XIX, los motores de combustión han revolucionado la industria del transporte y son una pieza indispensable de la maquinaria agrícola, generadores eléctricos y muchas otras aplicaciones. Su importancia radica en la alta densidad energética de los combustibles.
Aunque su popularidad se mantiene, también enfrentan desafíos por sus emisiones contaminantes, lo que ha impulsado mejoras tecnológicas para lograr motores más eficientes y limpios.